Al final lo consiguió. Entró en una nebulosa atemporal y se
perdió.
Sonaba la misma canción una y otra vez, hasta que dejó de distinguir si realmente estaba sonando o si era su mente la que
estaba reproduciendo aquella melodía.
Y, mientras todos dormían, se sintió vivo, más vivo que nunca, aunque era consciente de que, en aquel momento, no podía estar más cerca del caos.